Anders
Behring Breivik escuchó con una sonrisa la decisión de la Corte de que está sano y se
le condena a 21 años en la cárcel.
“No me
importa donde vaya, pero que no salga”, declaró un de sus víctimas.
¿Cuántos nuevos idólatras suyos conquistará el asesino en Noruega y en otras naciones? ¿Podrá
hacerles llegar nuevos mensajes? ¿Tendrá un discípulo predilecto llamado a
sucederle? ¿Cuántos solistas del crimen aparecerán en el hemisferio norte, multiplicando sus víctimas y ganando más idólatras todavía?
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