Jordi Pujol ha bajado de golpe del pedestal al que una parte del país le había elevado. A pesar de discrepar en muchas cosas, siempre me gustó conversar con él, siempre me interesó su sentido del poder, siempre me sorprendió su cultura política y siempre me dejó alguna señal inquietante entre sus palabras. Ahora quizá entiendo mejor su especial inquina con la alta burguesía catalana. “Tú y yo, con los apellidos que tenemos, nunca seremos nadie en este país, siempre seremos unos outsiders”, me dijo un día siendo ya presidente. O “no te fíes de los grandes empresarios catalanes, sólo les interesa lo suyo, nunca harán nada por el país”. Quizá estas frases, en el fondo, eran pura melancolía, reflejo del deseo que ocultaba en cuentas en Suiza o en manos familiares. Pujol, que pretendía salvar al país, acaba con una inmensa deuda con todos. Que sólo podría reparar explicando de verdad todo lo que pasó. Desde luego, si no lo hace, habrá perdido definitivamente la batalla para sobrevivirse. Y nos pondrá muy difícil un balance mínimamente objetivo de lo que fueron sus años de gestión, contaminados por la mentira y el encubrimiento. La ambición es sana, porque despierta el lado creativo de la voluntad de poder; la codicia es ciega y, a la larga, autodestructora. Quizá este es el drama de Pujol.
El excelente, insólito artículo de Ramoneda publicado en una entrada anterior de este blog presenta a su autor dialogando años atrás con Pujol, quien a su vez lo sitúa en una clase social compartida por ambos: sus apeliidos les marcan una posición menor, que no es la dominante, la poderosa, la dominante, como la de los grandes empresarios catalanes" .:
“Tú y yo, con los apellidos que tenemos, nunca seremos nadie en este país, siempre seremos unos outsiders”
Pujol exagera con su "nunca seremos nadie". Lo han sido y lo son por sus propias actuaciones. Pero no por su ascendencia patricia y su abuelo poeta, como los Maragall, ni por su alto rango empresarial, compartido por tantos sin grandes perfiles políticos.
La victoria de Pasqual Maragall y su hermano marcó un giro en favor de la estirpe de las grandes familias catalanas con un poeta de alto nivel literario e inconfundible catalanismo, y con ellos cerró las puertas al candidato presidencial de Pujol, Artur Mas. Hasta que este elegido de Pujol ganó la presidencia en elecciones posteriores.
Apenas estalló el escándalo Pujol, Mas no tuvo más remedio que referirse enseguida al vínculo entre ambos. Pero ¿Hasta cuándo seguirá marcándolo cuando el escándalo de Jordi ex Presidente se proyecta, creciente, sobre los hijos y la mujer del ex Presidente? Peor todavía: cuando el padre de Artur Mas, muerto el año pasado, aparece tan implicado?
AS
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